La Individualidad invención-descubrimiento del Conocimiento.
1. El Conocimiento está construido socialmente.
Es cultural en el sentido antropológico.
2. No se refiere a una verdad objetiva sobre la Naturaleza.
Con esta aseveración, en un sentido científico e incluso matemático, significa que la ciencia elabora modelos de la Naturaleza a partir de datos experimentales u observaciones y su verdad no es correspondiente sino coherente, si bien la reproducibilidad de experimentos y observaciones si la harían “objetiva”, o más precisamente, intersubjetiva, es decir, todos los observadores miden los mismos resultados para unas mismas condiciones experimentales y/u observacionales. También las conocidas por ciencias exactas elaboran modelos, pero de todos los Universos posibles y no sólo del nuestro factible.
3. Recoge las estrategias retóricas, las relaciones de poder y las consideraciones políticas de los políticos que construyen dicho conocimiento.
En este punto entra la visión cosmogónica de los regímenes que financian líneas de investigación y teorías alineadas y/o afines a su ideario político para conseguir sus objetivos que no son objetivos en la mayoría de los casos, por no decir en todos.
Conclusión
A partir de estos tres hechos del manifiesto humanista de los llamados "estudios de la ciencia", extendidos a todo el Conocimiento humano, y más concretamente al científico, y muy especialmente el matemático, se deduce que no es un descubrimiento en sentido estricto. También es una invención humana por sus características socio-culturales, evolutivas (al desarrollarse en un entorno muy específico) y políticas, entre otras circunstancias del devenir de la Humanidad. En su versión dura se podría extender al Conocimiento de cualquier civilización alienígena, donde sus percepciones modularían la forma de su Conocimiento, pero no su contenido, o quizá sí?
Una cuestión que el divino italiano, Galileo Galilei, zanjó con su apreciación de que el lenguaje en el que está escrito nuestro Universo son las matemáticas. Pero, como todo lenguaje, es una jaula para nuestros pensamientos, como dejó escrito para la posteridad el inconmensurable Ludwig Wittgenstein. Y no sólo eso, además de ser una prisión necesaria e insuficiente, es un acervo cultural, no ya de la Humanidad Universal, sino de la tribu local. En principio para discriminar quién pertenecía y quien no al grupo, pero que a larga generó una forma de pensar diferente dependiendo del idioma que se hable. Como deliciosa anécdota el emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico y Rey de las Españas, entre otras decenas de títulos, Carlos V de Alemania y I de España para la Historia, políglota a la postre, utilizaba un idioma para cada menester por ser más apropiado, es decir, tener propiedades que, según su criterio, conformaban una forma de pensar que expresaba mejor sus pensamientos y quien los escuchara los entendería con mayor precisión. Una comunicación más clara, correcta y concisa. Las tres "ces" de Don Gonzalo de Berceo, las cuales propugnaba como necesarias para una excelsa utilización de cualquier lenguaje. Eso es lo que pretenden las matemáticas, como lenguaje universal, pero para algunos es trascendental y, por lo tanto, habría que añadir una cuarta "c": correspondencia. Reseñar que para comunicarse con Dios, el flamenco emperador se reservaba el español.
No es que no podamos arribar a una verdad absoluta, o al todopoderoso, con la razón pura o con el castellano, sino que nunca seremos capaces de expresarla con precisión absoluta. Por lo tanto si alguna vez alguien consiguiese asirla, no sería capaz de comunicárnosla con palabras, ni siquiera formalmente en lenguaje matemático. Es una limitación o carencia universal que se podría instaurar como el "Principio de Imprecisión del Lenguaje" (PIL en adelante). Todo lenguaje es un conjunto de palabras que se define a sí mismo. Una palabra se entiende a partir de otras, y éstas a partir de otras, y éstas a partir de las primeras, etc., etc., logrando un círculo vicioso. El lenguaje, por tanto, es un absurdo por sí mismo, pero goza de sentido gracias al agregado subjetivo que le damos los humanos, relacionando únicamente algunos pocos conceptos con objetos materiales a forma de motor, para darle sentido a los conceptos abstractos, como el tiempo por ejemplo. Se podría resumir esa individualidad físico-abstracta del lenguaje en la siguiente máxima:
“El lenguaje es un absurdo en-sí que necesita relativizarse para adquirir sentido y dar sentido físico a los conceptos abstractos”
Aquí algún avezado e imaginativo lector podría pensar en que, por ejemplo, la telepatía podría superar al PIL y las propias carencias de expresividad de los lenguajes actuales. Aún así puede que la limitación no venga sólo del lenguaje, sino de la propia finitud de nuestro cerebro. Todavía se podría argumentar una capacidad extendida con ayuda de computadoras para superar esa limitación, pero muy probablemente al final del camino nos encontraríamos de bruces de nuevo con el PLCN = "Principio del Límite Computable de la Naturaleza". Es decir, la limitación última vendría del lado natural debido a la llamada complejidad computacional como parte esencial de la misma. O como decía Kant, no tiene sentido preguntarnos por la cosa en-sí, sino sólo por lo qué podemos conocer de ella. No porque nuestros sentidos lo impidan, sino porque nosotros mismos formamos parte del todo que intentamos conocer. Nos encontramos en una "situación gödeliana", ósea, con la incompletitud hemos topado, amigo Sancho; parafraseando a un inmortal Cervantes, que nunca llegó a escribir aquella famosa máxima quijotesca en la que me he inspirado, y sumo sacerdote del idioma imperial para hablar con la divinidad. Baste ejemplificar esta individualidad recursiva con la mecánica cuántica, a partir de la cual ya no se puede decir que por un lado hay un objeto cognoscible y por otro un sujeto cognoscente. No podemos intentar comprender la realidad como si fuera algo aislado, que está allí, a la espera de ser interpretado por un sujeto. La realidad sólo es tal en tanto se presenta ante el sujeto. La idea de Einstein de un mundo determinado e independiente del sujeto, se derrumba por el irrebatible nexo sujeto-objeto que inserta la mecánica cuántica. Cabe citar a uno de sus padres, Werner Heisenberg:
"[...] no podemos olvidar el hecho de que las ciencias naturales han sido formadas por el hombre. Las ciencias naturales no describen y explican a la naturaleza simplemente; forman parte de la interacción entre la naturaleza y nosotros mismos; describen la naturaleza tal como se revela a nuestro modo de interrogarla."
Sin embargo persiste el insondable misterio de la "irracional efectividad de las matemáticas en las ciencias naturales", como lo calificó el premio Nobel, Eugene Wigner, en su famoso ensayo. O como decía otro laureado, Albert Einstein, "lo más incomprensible de nuestro Universo es que es comprensible".
Desde la noche de los tiempos, desde la oscura época geométrica de la antigua Grecia, desde la escuela pitagórica a la época clásica de Platón, pasando por todos los filósofos naturales desde entonces hasta los científicos actuales, todos siguen maravillándose de la existencia y persistencia de unos principios universales objetivos y observables, o estados naturales, como postula la Individualidad de la TUEN (Teoría Universal de los Estados Naturales) o Mecánica de la Naturaleza a modo de cimientos sin cemento de nuestro inmenso Universo.

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